lunes, 20 de julio de 2009

A los diez años la vida es un cuento previsible,
los malos son feos, infelices y terminan mal;
los buenos son lindos, felices y comen perdices.
También es un juego donde los hijos son muñecos o peluches,
una juega a la mamá, al ama de casa…
Que distinto cuando vemos que la vida no se ajusta a ese juego infantil…
No, la vida es otra cosa, la diferencia entre malos y buenos es más sutil que una cara bonita y un final feliz,
la verdadera lucha entre el bien y el mal ocurre cada día en nuestro interior.
Uno crece y el juego se vuelve más serio; hay…quien pudiera vivir cantando como un chico,
hay...quien pudiera eternizar el juego, vivir por siempre en un cuento de hadas;
hay…quien pudiera ser por siempre chiquitita.
Mi chiquita, es lo único puro que me queda.

Mi vida es mi chiquita.
Yo traicione a esa chiquita que fui, ya no queda de ella ni su inocencia, ni su valentía, sus sueños, ni la esperanza de algún día encontrar a su papá.
Yo ya no puedo volver a esa chiquita que fui…
no me queda otra que ser esto que soy.

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